Puede sonar a topicazo barato, pero aquel día las manecillas del reloj multiplicaron su velocidad por 1.000.
Pobres de nosotras.. nos tocó el reloj más chantajista de la cuidad.
Pobre de mí ..por abusar del amor durante unas horas me veo obligada a cumplir con las cláusulas de su contrato.
Poco o nada piadoso es Cronos a la hora de azotar con su látigo y atacar por la espalda con cada tic-tac, ahora convertido, en las sílabas de tu nombre taladrando mi cabeza a cada segundo.
lunes, 28 de febrero de 2011
lunes, 24 de enero de 2011
Ventana sin vistas.
La ventana por la que cientos de veces te he mirado y miles he hablado de ti ha terminado por cerrarse.
Mi gato ya no se cuela en tu salón a través de ella y el olor de tu café y tostadas ya no me hace compañía mientras yo desayuno.
No quiero saber dónde te has ido porque de lo contario acabaría persiguiéndote.
Descendería hasta el mismísimo infierno para volver a oler cada uno de los mechones de tu pelo; cada uno de los mechones de tu pelo que en su día fueron mi heroína y que hoy me veo obligada a contrarrestar su efecto con metadona aliñada a base de faldas y carmín.
lunes, 17 de enero de 2011
Estúpido privilegio.
Observo cada uno de tus movimientos escondido tras esta taza de café con leche.
"Bendita sea la felicidad del ignorante y maldita la tristeza del que tiene el privilegio de ver". Con total parsimonia arranco una de las servilletas de papel y escribo dicha frase en ella.
Él entra por la puerta de la cafetería acompañado de una oleada de aire frío y con la bufanda que le regalaste hace un par de semanas; todo perfecto si omitimos el hecho de que tras su eco una rubia con demasiado maquillaje y pocos escrúpulos custodia cada uno de sus pasos.
En ese preciso instante clavas tu mirada en el cenicero que inútilmente permanece en la mesa del bar. Silencio. Tan solo tienes oídos para escuchar la nana que cada noche la soledad canta para ti.
Su mirada no me miente, muchacho de preciosa bufanda, le rompiste el corazón y ya de paso mitad pulmón izquierdo.
Persistente es mi ansia de complicarme la vida, que hace que las lágrimas de aquella chica se tornen mías.
"Bendita sea la felicidad del ignorante y maldita la tristeza del que tiene el privilegio de ver". Con total parsimonia arranco una de las servilletas de papel y escribo dicha frase en ella.
Él entra por la puerta de la cafetería acompañado de una oleada de aire frío y con la bufanda que le regalaste hace un par de semanas; todo perfecto si omitimos el hecho de que tras su eco una rubia con demasiado maquillaje y pocos escrúpulos custodia cada uno de sus pasos.
En ese preciso instante clavas tu mirada en el cenicero que inútilmente permanece en la mesa del bar. Silencio. Tan solo tienes oídos para escuchar la nana que cada noche la soledad canta para ti.
Su mirada no me miente, muchacho de preciosa bufanda, le rompiste el corazón y ya de paso mitad pulmón izquierdo.
Persistente es mi ansia de complicarme la vida, que hace que las lágrimas de aquella chica se tornen mías.
jueves, 16 de diciembre de 2010
Femme fatale.
Si ya eras salvaje y despiadada la primera noche que nos vimos ..¿ Por qué ibas a perder la costumbre ese día que nos citamos en tu hotel favorito?
Hacía ya por lo menos unas cuantas semanas que no nos veíamos.
Amiga mía! Te faltó tiempo para empujarme, hacerme caer sobre aquel colchón más fino que un papelillo de liar y despojarme de cualquier tipo de prenda.
Los mordiscos en el cuello no eran mas que un juego de niños para tí, a tí siempre te fue la acción, así que te adentraste en mi pecho y de lleno mordiste mi corazón.
Toda la fuerza, que hasta ese momento residía en mi entrepierna, se trasladó a mi garganta para sacar de ella un verdadero grito de dolor.
Hija de puta.. te corriste en el mismo momento en el que escupías al suelo la mitad de mi ya licuado miocardio.
Lo siguiente que mis ojos recuerdan ver eran tus manos agarrándome del pelo lo justo para que mi cabeza se levantara un par de centímetros del suelo. Aun tenías la boca manchada por la sangre y eso te excitaba más, me lamiste la cara con tu viperina lengua y sobre tus altos zapatos dejaste la habitación 304.
Sabias perfectamente que ahora mi único latido era el estruendo de tus tacones al andar, y que, en cuanto mis oídos dejaran de escucharlo.. yo moriría.
Hacía ya por lo menos unas cuantas semanas que no nos veíamos.
Amiga mía! Te faltó tiempo para empujarme, hacerme caer sobre aquel colchón más fino que un papelillo de liar y despojarme de cualquier tipo de prenda.
Los mordiscos en el cuello no eran mas que un juego de niños para tí, a tí siempre te fue la acción, así que te adentraste en mi pecho y de lleno mordiste mi corazón.
Toda la fuerza, que hasta ese momento residía en mi entrepierna, se trasladó a mi garganta para sacar de ella un verdadero grito de dolor.
Hija de puta.. te corriste en el mismo momento en el que escupías al suelo la mitad de mi ya licuado miocardio.
Lo siguiente que mis ojos recuerdan ver eran tus manos agarrándome del pelo lo justo para que mi cabeza se levantara un par de centímetros del suelo. Aun tenías la boca manchada por la sangre y eso te excitaba más, me lamiste la cara con tu viperina lengua y sobre tus altos zapatos dejaste la habitación 304.
Sabias perfectamente que ahora mi único latido era el estruendo de tus tacones al andar, y que, en cuanto mis oídos dejaran de escucharlo.. yo moriría.
sábado, 4 de diciembre de 2010
Guantes para el corazón
Tocara lo que tocase terminaba cubriéndolo de escarcha.
Siempre he sido una persona de manos frías ; mis ardientes amantes siempre se quejaban por ello y yo me excusaba diciéndoles que " para los bombones el calor nunca fue bueno.."
Hasta que una noche una nueva chica llegó a mi cama, con mis heladas costillas como piano compuso "la melodía más triste jamás contada", así decidió apodarla.
Yo decidí apodarla a ella Abril, que como su nombre indica, trajo la primavera a mi cuerpo.
Siempre he sido una persona de manos frías ; mis ardientes amantes siempre se quejaban por ello y yo me excusaba diciéndoles que " para los bombones el calor nunca fue bueno.."
Hasta que una noche una nueva chica llegó a mi cama, con mis heladas costillas como piano compuso "la melodía más triste jamás contada", así decidió apodarla.
Yo decidí apodarla a ella Abril, que como su nombre indica, trajo la primavera a mi cuerpo.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
No te quieres enterar
No te acerques aún, que quiero sentir como tus pupilas me besan antes que tu boca.
No te quieres enterar, parece que no te quieres enterar de que no busco escuchar mi nombre entre tus gemidos, sin embargo, si anhelo que sean tus uñas las que esculpan infinitas palabras de amor en mi espalda.
El día que te bese la Tierra se partirá en dos.
No te quieres enterar, parece que no te quieres enterar de que no busco escuchar mi nombre entre tus gemidos, sin embargo, si anhelo que sean tus uñas las que esculpan infinitas palabras de amor en mi espalda.
El día que te bese la Tierra se partirá en dos.
sábado, 20 de noviembre de 2010
Nostalgia
Se encontraron unos cuantos años después pero no tardaron ni un minuto en reconocerse.
Él seguía teniendo ese pelo indomable que le daba un aire bohemio y desenfadado a la vez.
Ella, por su parte, poco se diferenciaba de aquella tímida niña que fue; aunque el tiempo y una ortodoncia le habían regalado una magnifica sonrisa.
Negro y azul se toparon. Sus miradas se mezclaron y de repente zas! recuerdos a bocajarro inundaron sus mentes.
Los veranos en el pueblo de sus padres. Las balsas a las afueras de él. Los peces que ella pescaba, los mismos que él le hacía devolver al agua. Los albaricoques que le robaban al abuelo más tacaño y cascarrabias de aquel pueblecito y luego se comían a la sombra de aquel viejo roble, aquel viejo roble que aún debe de tener esculpidas sus iniciales en el tronco.
En la transitada Gran Vía los conductores no se caracterizan por la paciencia y el claxon de uno de los coches que desgastaba el asfalto los despertó de su sueño.
Él salió de aquel taxi y se perdió por la boca de metro.
Ella le indicó la dirección al taxista y sacó el móvil de su bolso.
La fotografía de un hombre que poco se le parecía al que acababa de ver junto a dos niños le servía como fondo de pantalla.
Él seguía teniendo ese pelo indomable que le daba un aire bohemio y desenfadado a la vez.
Ella, por su parte, poco se diferenciaba de aquella tímida niña que fue; aunque el tiempo y una ortodoncia le habían regalado una magnifica sonrisa.
Negro y azul se toparon. Sus miradas se mezclaron y de repente zas! recuerdos a bocajarro inundaron sus mentes.
Los veranos en el pueblo de sus padres. Las balsas a las afueras de él. Los peces que ella pescaba, los mismos que él le hacía devolver al agua. Los albaricoques que le robaban al abuelo más tacaño y cascarrabias de aquel pueblecito y luego se comían a la sombra de aquel viejo roble, aquel viejo roble que aún debe de tener esculpidas sus iniciales en el tronco.
En la transitada Gran Vía los conductores no se caracterizan por la paciencia y el claxon de uno de los coches que desgastaba el asfalto los despertó de su sueño.
Él salió de aquel taxi y se perdió por la boca de metro.
Ella le indicó la dirección al taxista y sacó el móvil de su bolso.
La fotografía de un hombre que poco se le parecía al que acababa de ver junto a dos niños le servía como fondo de pantalla.
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