No robo, tampoco tomo prestado. No soy un asesino ni mucho menos un sicario.
No me acuesto con ellos si te interesa.
Simplemente salgo a la calle en busca de miradas, miradas a las que arrancar las pestañas, para depositarlas una a una en un sobre, que, con cuidadosa cautela deslizo debajo de tu puerta cada noche con el único propósito de que al día siguiente todos tus sueños se hagan realidad.