Tus tulipanes se han marchitado ,niña, ya no los tienes en el balcón pero yo sigo siendo tu vecina, y sigo queriéndote en silencio.
Tu ventanal ya no se pasa 24 horas abierto de par en par, ahora hay unas blancas cortinas que se empeñan en ocultarte y solamente me dejan coquetear con tu silueta.
Tu cocina ya no desprende ese olor a menta que tanto me gustaba desayunar, en su lugar, un tazón de chocolate logra despertar mis tripas haciendo que se quejen por un abusivo uso del café.
Los gorriones ya no se posan en tu barandilla, quizá el motivo sea ese gato que te acompaña todas las noches, y que, debo confesarte que ya son más de dos las veces que salta por el patio de luces para colarse en mi cocina.
Te lo advierto, vecina, si mañana me lo vuelvo a encontrar intentando comerse los peces que con tanto cariño mi mejor amiga me regaló ese intrépido felino llegará de vuelta a tu casa con una invitación para cenar conmigo.