miércoles, 13 de octubre de 2010

Da igual , el gato ya me entiende.

-¿Lo llevas todo?
-Llevo todo lo que necesito.
Y de un portazo se fue; a su paso dejó un fuerte (que no insoportable) olor a perfume que incitaba a seguirla, aún así me quedé quieto.
Fantaseé un rato con sus labios recién pintados (dispuestos a dejar rastro),el pulso de sus tacones retumbaba por el pasillo casi al mismo tiempo que el de su corazón,¿Su silueta? Qué decirte de su silueta!.Aquel vestido que se compró no hace tanto le resaltaba su bonita figura y la hacía la muchacha más sensual de la cuidad.
Era su noche, estaba dispuesta a hacer, deshacer, probar y caer ante cualquier cosa.
No pude detenerla, tampoco quería, desde mi ventana ví como cogía su taxi.
-¿Cuándo olvidará esta chiquilla a ese cabrón?. Yo no soy un cabrón, ¿verdad Arquímedes?.
-Miau!

viernes, 8 de octubre de 2010

De carmines y espinas.

Ya sabía lo que hacía ya.. ya sabia lo que hacía cuando taladró un agujero en mi primera vertebra con sus dos esmeraldas que le otorgaban visibilidad.
Una noche, acompañadas de Gin Tonic y entre sábanas chascó sus dedos y una nanométrica parte de ella brotó de entre sus dedos; golosas fueron sus intenciones que decidió hospedarse en el diminuto recoveco que con mucha lujuria había creado antes.
De esto hace ya mucho, quizá te estoy hablando de cuando le regalaron una tortuga al pequeño Matusalén y decidió llamarla Morla, prueba de ello son los numerosos pintalabios que guardo bajo mi cama.
Numerosos pintalabios que tú, mi próxima amante, te llevarás de aquí. He decidido que hasta que no extirpe esa espina de mi, el verbo amar queda completamente prohibido en mis diálogos.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Cosas que pasan en un 8 izda.

La patada que te doy para que apagues el despertador y el codazo que me devuelves para hacerme entender que el que se tiene que levantar soy yo.
Tus gritos en la ducha y mis tostadas quemadas sobre la mesa.
El buen rato que te hago pasar mientras me observas bailar enfrascado en mi mundo, con los auriculares puestos y equivocándome (cada mañana) con en número de cucharadas de azúcar en tu café.
Mi " The Chiken Lady" de Vitalic compitiendo con tu disco de Zahara que tanto odio y que en cuanto te des la vuelta lanzaré por la ventana.
Lo que más me gusta de todo es ver a mi 40 de pie intentando ligarse a tus 10 centímetros de tacón. ( Sé que algún día lo conseguirá).

Y ahora dime, ¿ Conoces algún cielo que no tenga estrellas?

martes, 5 de octubre de 2010

¿Crees que podrás?

Dormilona y con mal despertar.
Melómana hasta la saciedad.
Adicta a los cafés y poseedora de los pulmones mas negros de la cuidad.
Contarte mis defectos sería demasiado fácil, así que te retaré:
Vamos valiente, conóceme si hay huevos!






Foto: Sala Razz de Barcelona, creo que han sido los 15 euros mejor invertidos en mi vida.


lunes, 27 de septiembre de 2010

Confesiones con algo de rabia

Te confesaré un secreto:
Desde que mi cuerpo convive con tu ausencia no paro de morderme las uñas; tanto es mi ímpetu que prácticamente carezco de dedo índice.
Otra cosa te diré:
Que carezca de dedo índice no significa que te señale con menor intensidad.
Te echo de menos. Si, y qué. Tú a mi también.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Lejos

Ahora se encuentra frente a él, los dos sentados en sofá de este pequeño apartamento, con una taza de café sobre la mesa un millón de recuerdos a sus espaldas y el corazón cargado de balas con sabor sentimiento.

-Te echaré de menos

Se abrazan, se abrazan como solían hacerlo antes, como sólo ellos sabían hacer.
Ana siente que vuelve a tener 14 años, los brazos de Ismael la transportan en el tiempo.
A Ismael se le humedecen los ojos, el olor de Ana lo transporta en el tiempo.

Y justo encima de la mesita en la que mi compañera de piso y yo dejamos las llaves de casa, un billete de avión.

¿La capital de Hungría era?

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Detrás de esas gafas había un corazón.

Como otro viernes cualquiera mi brújula personal se despertó desnuda en mi cama.Me gustaba apodarla así por el tatuaje que sus omoplatos escoltaban.
Era la bibliotecaria de mi barrio y, a pesar de su timidez, muchas mujeres hubieran deseado poseer un corazón la mitad de grande del que lo era el suyo.
Ignorando totalmente lo que sentía por mi, me limitaba a acostarme con ella por las noches y prepararle un café por las mañanas.